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Mantener el equilibrio

Nuestro cerebro está permanentemente monitoreando que todo esté en equilibrio y reacciona, consciente o inconscientemente, al más mínimo detalle. Para diseñar interfaces tenemos que aprender a utilizar esta característica, manteniendo el equilibrio o quebrándolo, según sea lo conveniente en cada caso.

Mantener el equilibrio

Nuestro inconsciente mantiene un proceso permanente de monitoreo de seguridad de nuestro entorno. El proceso básico se puede resumir en que de acuerdo a los estímulos que recibe en un instante, prevé los que va a recibir unos instantes después. Si esta predicción se confirma, se mantiene el equilibrio y todo continúa sin cambios.

Cuando detecta una diferencia, siempre a nivel inconsciente, evalúa su magnitud y determina su grado de peligrosidad. Si la considera baja pueden pasar dos cosas: la descarta o la resuelve también a nivel inconsciente. Si no es así, lo pasa a nuestra consciencia y “nos damos cuenta” de que algo sucedió o cambió.

El costo de romper el equilibrio

Romper el equilibrio siempre tiene costo, por lo que una interfaz de calidad debe hacerlo solamente cuando tiene un buen motivo para hacerlo.

Si el desequilibrio generado es importante, siempre asumiendo que no hay una justificación clara para ello, el resultado es una interrupción o un corte en el flujo de atención significativo y consciente para el usuario. Esto es fácil de notar porque somos conscientes (perdón por la redundancia) cuando nos ocurre en carne propia.

Los mensajes de error que abren en popups son la mayoría de las veces quiebres al equilibrio tan fuertes como innecesarios.

Si el desequilibrio es menor y no llegamos a notarlo conscientemente, ya es otra cosa. Naturalmente que uno o dos pequeños desequilibrios no son un problema, pero cuando se suceden uno tras otro mantienen a nuestro cerebro entretenido generando una molestia que no sabemos bien de dónde viene. Es como cuando estamos en una habitación que nos incomoda pero no podemos decir por qué.

El pulido de todos y cada uno de los detalles que producen desequilibrios menores diferencia a las interfaces buenas de las excelentes.

Cómo mantener el equilibrio

Alinear

Nuestro inconsciente asocia desequilibrio con problema de seguirdad, y es razonable por tanto que sea incapaz de detener el proceso que lo monitorea. Cada pixel fuera de lugar, cada campo fuera de linea, cada texto mal alineado, también verticalmente, es analizado por nuestro cerebro, en esta pantalla primero y en la siguiente otra vez.

Reducir la cantidad de lineas imaginarias que parte de cada elemento, reduce la cantidad de validaciones que nuestro cerebro realiza

En el diseño profesional y de calidad todos los elementos de la pantalla están perfectamente alineados, generando la menor cantidad de lineas imaginarias que parten de los extremos de cada elemento en forma horizontal o vertical.

Ejemplo de mala alineación

El problema de alineación del cuadro pequeño con el grande es imposible de pasar por alto, lo mismo que la diferencia entre rojos en la barra horizontal y otros detalles

Un diseñador experiente coloca las cosas exactamente en su lugar cuando las coloca por primera vez, hace las cosas bien de primera, y por tanto sus diseños tienen alineación perfecta al 100%.

Ser estándar

Una de las formas de predecir, tal vez la más universal, es que todo se va a comportar “como siempre”. Por tanto, para cumplir con la predicción y mantener el equilibrio hay que hacer las cosas “como siempre” y eso no es otra cosa que respetar al máximo los estándares: los formales y los de facto.

Evitar las estridencias

Todo lo que es estridente, en el sentido que tiene se diferencia fuertemente de su contexto genera desequilibrios. Como siempre: si entendemos por qué debe ser así y qué gana el usuario, o nuestro cliente como en el caso de un PopUp publicitario, adelante.

Pero en el diseño de la interacción la originalidad y la estridencia per se no pagan.

Cumplir las promesas

Cada link, cada botón, cada etiqueta en un flujo de interacción tiene implícita una promesa de qué sucederá al clickearlo, completarlo o arrastrarlo. Esas promesas son detectadas muy fácilmente por los usuarios, inclusive si se transmiten por pistas muy sutiles, esas que los usuarios aprendieron en las decenas de miles de pantallas con las que interactuaron antes de llegar a la nuestra.

Incumplir las promesas genera desequilibrios, grandes y pequeños. Una interacción que rompe todo el tiempo las promesas, por ejemplo usando muchos términos para el mismo concepto, por lo que hago click en el botón Dólares y aterrizo en Moneda Extranjera, no solo transforma un problema Leo y Entiendo en un problema Pienso y Entiendo, lo hace generando además una molestia innecesaria al usuario.

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