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El diseño y el Producto Viable Mínimo (MVP)

La idea de Producto Viable Mínimo es muy potente e inspiradora. Es una lástima que su abuso la haya transformado en una especie de comodín valida todo.

Esta imagen del recuadro es fácil de encontrar en sitios, presentaciones y redes sociales. El relato que construye es tentador, pero poco tiene que ver con la idea de MVP. Por eso le agregamos nuestra propia versión.

Hay a esta altura tantas visiones y enfoques que es difícil generar un punto de partida sobre qué es un MVP. Como siempre, Wikipedia aporta una definición válida y útil: “el producto viable mínimo (MVP, del inglés Minimum Viable Product) es un producto con suficientes características para satisfacer a los clientes iniciales, y proporcionar retroalimentación para el desarrollo futuro”.

En este contexto, poco tiene que ver una patineta con un automóvil. Por muchos motivos, pero principalmente porque quien compra una patineta no lo hace porque no le alcance el dinero para comprar un auto. Una patineta no es un auto bebé, ni un auto es una patineta con esteroides. Son dos productos distintos. Y lo fundamental: nada podemos aprender de cómo diseñar un auto a partir de una patineta.

Una patineta no es un auto bebé, ni un auto es una patineta con esteroides. Son dos productos distintos. Y lo fundamental: nada podemos aprender de cómo diseñar un auto a partir de una patineta.

Son múltiples las versiones que nos preceden y que refrendan la idea de que la imagen del cuadro no refleja el concepto de MVP

Definir el producto final

Una de las responsabilidades centrales del diseño es la definición del producto final, el faro hacia el que se dirige todo el proyecto. Es más, el objetivo abarca la tarea de transmitir esa definición de producto final a todos los participantes del proyecto, tal como lo ilustra esta imagen:

Uno de los objetivos principales del diseño es definir el producto final para el proyecto, y para cada uno de los participantes.

La granularidad y precisión de la definición es una decisión de diseño, que forma parte del proceso, pero eso es algo muy distinto a mantener las cosas dentro del marco de “una idea que está buena”, o “estaría bueno hacer tal o cual cosa” o “sería genial agregar esta característica”. Hacer realidad esas ideas o construir las características solo para probarlas es económicamente inviable, y allí entra el diseño: una práctica que tiene las herramientas teóricas y la metodología práctica para explorar las ideas y profundizar en ellas hasta la definición del producto a implementar. Esa es su misión.

Diseñar es en gran medida aumentar nuestra capacidad de imaginar y construir escenarios futuros.

Si una idea se puede llevar a la práctica sin más trámite, entonces no es necesario el diseño. Planto la semilla, crece la rosa. ¿Qué mas necesito? Pero si eso no es posible, como sucede en la casi totalidad de los casos, se impone una etapa de diseño que proporcione esa información a un costo y en un tiempo razonable y accesible. Diseñar es en gran medida aumentar nuestra capacidad de imaginar y construir escenarios futuros.

Retroalimentación para el desarrollo futuro

A veces el diseño e inclusive los prototipos no alcanzan, porque hay productos que requieren inversiones realmente muy grandes antes de poder construir el primer ejemplar. Se estima, por ejemplo, que es necesario invertir en el entorno de mil millones de dólares en un modelo nuevo de automóvil antes de tener el primero rodando en la calle. Por más detallado que sea el diseño, por más inspirador, convincente y todos los adjetivos que se puedan agregar, el diseño se mantiene en el terreno de las ideas.

A veces el diseño e inclusive los prototipos no alcanzan, porque hay productos que requieren inversiones realmente muy grandes antes de poder construir el primer ejemplar.

¿Es posible generar un artefacto que se ubique entre el diseño y el producto final? Sí, un MVP. Al igual que el prototipo tiene como objetivo obtener retroalimentación para el desarrollo futuro a partir de una solución funcional. El primero es una creación interna. El segundo es un producto que se puede comercializar, por el que algún grupo de clientes desembolsará dinero, no importa si por innovador, amigo, snob o por cualquier otra causa. Y de allí aprenderemos si el producto funciona, si es útil, donde nos equivocamos y qué cambios y ajustes hay que hacer a nuestro diseño de producto final en las siguientes etapas.

El MVP es una herramienta de diseño, anclada fuertemente en la tarea de definir el producto final antes de comenzar a construirlo. Nada tiene que ver con tirar una construcción rápida, barata y mediocre al mercado, a ver si tenemos suerte y la calabaza se transforma en carroza.
Malas noticias: eso sucede solamente en los cuentos de hadas.

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