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Diseñar es elegir (y elegir es renunciar)

En el proceso de diseño hay una tensión constante entre distintas opciones y alternativas contradictorias entre sí. El dolor de la elección no está en lo que elegimos, sino en lo que descartamos.

la bibiliteca de babel de Jorge Luis Borges

Ilustración de La biblioteca de Babel, el libro de Jorge Luis Borges que cuenta la historia de una biblioteca que tenía todos los libros de hasta 410 páginas, de 80 renglones compuestos de 80 caracteres cada uno.

Supongamos por un momento que al estilo de La Biblioteca de Babel, el cuento de Jorge Luis Borges sobre una biblioteca que tiene todos los libros posibles, desarrollamos un programa que es capaz de crear todas las interfaces posibles. Acotemos el alcance para hacerlo tangible: limitemos el programa a la creación de todas las imágenes posibles para la pantalla de un celular. El programa las crea, las imprimimos y las mostramos ordenadas en nuestra Biblioteca de Babel. (1)

Ahora diseñar una interfaz implica pasear por la Biblioteca de Babel de las imágenes, e ir eligiendo las pantallas que mejor se adaptan a cada requerimiento. La mayoría de las imágenes que vemos son inútiles, todas blancas, todas verdes o todas negras, o con ruido de colores sin sentido. Tal vez traigamos un curador para que las quite del medio.

Pero en nuestra biblioteca están también todas las pantallas útiles, las excelentes, las buenas, las mediocres y las malas. Las que favorecen a los usuarios frecuentes, las que tienen buen contraste y las que tienen una estética que rememora a Joan Miró.

Diseñar entonces no es más que elegir “la pantalla correcta”. Y he aquí la principal duda, cuasi filosófica de esta afirmación: ¿existe realmente la pantalla correcta?

El auto que diseña Homero Simpsons en el episodio 28 de la segunda temporada que es “poderoso como un gorila, pero suave y cómodo como una nube” ironiza sobre la pretensión de tenerlo todo junto.

Aprender a renunciar

Dice un viejo y sabio aforismo que “elegir es renunciar”. La ficción casi utópica de nuestra Biblioteca de Babel de diseños nos enseña sobre la angustia de lo que no elegimos: toda esa biblioteca llena de pantallas excelentes que no serán de la partida. Si la satisfacción de diseñar está en lo que elegimos, el dolor está en lo que dejamos.

Diseñar es siempre un ejercicio de sábana corta: o nos tapamos el torso, o nos tapamos los pies, o dormimos hechos un ovillo. No se puede todo a la vez. O privilegiamos a los usuarios de primera vez en detrimento de los expertos, o a los expertos en detrimento de los novatos o nos ponemos en el medio dándole un poco a todos y quitándoles otro tanto.

El diseñador está enfrentado un instante sí y el siguiente también a este tipo de dilemas. Debe todo el tiempo descartar opciones, no porque no sean de calidad, inclusive excelentes, sino porque en esta ocasión privilegiamos otro perfil del problema. Se necesita experiencia y sabiduría para entender cómo y cuando elegir. Y se necesita convicción y valor para tomar la decisión.


(1) Es interesante hacer notar que aunque la salida de este programa es bastante difícil de almacenar e imprimir, su código es relativamente sencillo: alcanza con iterar sobre los colores de los pixeles de las imágenes.

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