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“No me gusta”

Las presentaciones a directorios, gerentes generales y otros jefes habitualmente destruyen más de lo que aportan

Esta nota es un pequeño homenaje a todos aquellos que después de semanas o meses de arduo trabajo, recibieron un "mmm…, no me gusta… me parece poco atractivo, no llama la atención. Tendría que ser más interactivo."

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Antes de que una interfaz cobre vida en la pantalla, debe ser aprobada por el directorio, el gerente general o el presidente de la organización. Un proceso tortuoso que habitualmente destruye más valor del que aporta.

Esta nota es un pequeño homenaje a todos aquellos que después de semanas o meses de arduo trabajo, recibieron un “mmm…, no me gusta… me parece poco atractivo, no llama la atención. Tendría que ser más interactivo.”

La aprobación del directorio

Supongamos que una empresa o un organismo estatal es responsable de la construcción de una central termo-eléctrica. Ningún director va a opinar que la chimenea tan cerca de la caldera queda fea, o que el ducto por el que sale el agua de enfriamiento está muy al ras del piso, o alguna bobada semejante. Es más, es para todos obvio que el directorio aprueba y dirige el proyecto, pero no el diseño.

Ahora nos encontramos frente a un nuevo sistema informático para las tareas más importantes de la organización. Tampoco en este caso el gerente general va a opinar que tener tantos buffers no queda lindo, o que timeout del sistema de colas de transacciones no hace juego con el timeout de las conexiones a la base de datos. Ni ninguna otra bobada semejante.

Sin embargo cuando se trata del diseño de la interfaz, los jefes de la organización se sienten en la obligación de opinar bobadas y ridiculeces a cerca de materias sobre las que no tienen el más mínimo conocimiento. No lo digo enojado, no son insultos, es que realmente son eso: bobadas. Opiniones ridículas, sin el más mínimo fundamento que surja de la teoría o de la experiencia práctica en una industria que hace más de 50 años viene acumulando experiencia sobre cómo hacer interfaces más agradables y fáciles de usar. Al jefe no le gusta. ¿Y?

¿Qué misterioso proceso transforma a un individuo en experto en el diseño de interfaces el día que lo nombran gerente? Ninguno, naturalmente. Es que el poder no aporta conocimiento, solamente reprime las respuestas. Como en el cuento tradicional en el que el nadie se anima a decirle al emperador que no tiene un traje invisible, sino que simplemente está desnudo, es habitual que nadie diga lo que piensa de una forma franca y directa.

Las respuestas que faltaron

¿Tienen los profesionales que conforman el equipo de diseño la responsabilidad de dar en ese momento las respuestas? Yo creo que no, porque no nos contrataron para tener razón. Nuestro mandato es hacer la mejor interfaz que sea posible en el contexto en el que trabajamos, y eso incluye al directorio o gerente general que nos toque en suerte. Nuestro mandato incluye no generar conflictos difíciles de resolver, discusiones que dividen a la organización, generan bandos y dilapidan energías tras objetivos absolutamente ajenos a la tarea de construir la mejor interfaz posible.

 

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